Cómo elegir una cámara de fotos y no morir en el intento, por Iker Morán

Las leyes del Mercado (con mayúsculas) aseguran que cuanto mayor es la oferta, mejor para el cliente. Una ecuación en la que –entre otras cosas- a alguien se le olvidó añadir que la cantidad de oferta es directamente proporcional al quebradero de cabeza del comprador en cuestión.

Con centenares de cámaras de fotos en el mercado, decenas de segmentos que pretenden poner orden y acaban creando más confusión y parecidos más que razonables entre buena parte de ellas, ¿es posible elegir una cámara digital sin morir en el intento, perder amistades por el camino o volvernos locos? Posiblemente no, pero al menos podemos intentarlo. Y cuanto antes mejor, ahora que ya sabemos que la subida del IVA acecha en el horizonte.

Acercarse a un escaparate de cámaras real o virtual sin haber tomado antes unas cuantas decisiones sería un gran error. Así que lo primero que hay que decidir es qué tipo de cámara andamos buscando y el presupuesto disponible.

¿Cómo elegir una cámara de fotos?

¿Cuánto?

Aunque los buscadores de gangas asegurarán que por 19 euros es posible encontrar algo decente, mejor no crear falsas esperanzas. Las compactas de última generación andan entre los 100 y los 200 euros. Si se busca algo más potente, con más zoom y alguna que otra virguería habrá que pasar de los 200, pudiendo llegar incluso a los 400 (o más) si se pretende tener lo último o lo mejor.

Si lo nuestro son las cámaras con objetivos intercambiables, a partir de 400 euros se pueden encontrar cosas, pero mejor pensar en algo a partir de los 600. Ni que decir tiene que el límite por arriba no existe. Para hacerse una idea, la Leica M Monochrom (una reciente cámara que sólo hace fotos en blanco y negro) ronda los 8.000 euros.

Objetivo fijo o intercamiable

Definida la cantidad de euros a fundir, toca decidir qué tipo de cámara buscamos. Primera elección: ¿óptica fija o intercambiable? En líneas generales se podría decir que las primeras resultan más polivalentes, pequeñas y cómodas, mientras que las segundas ofrecen mayor calidad de imagen y mayor margen de maniobra para quienes quieren aprender y tomarse un poco más en serio esto de la fotografía.

Dicho de otro modo: para fotos de cumpleaños y vacaciones una compacta puede ser perfecta, pero si la idea es ir un poco más allá es posible que acabemos cayendo en la tentación de un equipo con su cuerpo de cámara, sus objetivos intercambiables, accesorios…

Por supuesto que con los dos tipos se pueden hacer grandes fotos, pero en prestaciones, velocidad y calidad las segundas suelen ganar a las cámaras compactas. Hay, no obstante, unas cuantas excepciones a esta regla general.
Los megapíxeles de una cámara no son sinónimo de calidad

En qué fijarse

Aunque a estas alturas ya es una lección bien sabida, por si queda algún despistado no está de mar repetirlo otra vez: los megapíxeles no son sinónimo de calidad, simplemente del tamaño de imagen que es capaz de generar una cámara. Y dando por hecho que casi nadie va a imprimir un poster para empapelar la pared de la habitación, lo más probable es que nos sobren muchos de esos 14, 16 o 18 megapíxeles que tenga nuestra futura cámara.

Así que mejor que perder el tiempo fijándose en este dato poner atención en otros aspectos de la cámara. Y pensar cuál es nuestra prioridad. ¿Queremos una cámara realmente pequeña que entre en el bolsillo? ¿Algo con mucho zoom? ¿Un modelo en el que la calidad de imagen sea lo principal? ¿Nos hace ilusión una pantalla táctil o la conexión wi-fi? ¿Mejor una compacta que lo aguante todo y podemos llevar a la playa sin miedo?

En algunos casos será posible aunar algunas de estas prestaciones, pero por si acaso mejor tener claro qué tipo de cámara queremos: ultracompacta, zoom potente pero tamaño moderado –muy adecuadas para las vacaciones- o esas de zoom largo que copian las formas de las réflex y que suelen gustar a los amantes del todo-en-uno en su modalidad fotográfica. También hay unas cuantas opciones en la que las opciones avanzadas y la calidad de imagen son el pilar fundamental. Como es fácil de suponer, sí, son las más caras.

El dilema de la cámara de fotos réflex o compacta

El lío de los espejos

Aunque hay compacta que pueden competir sin complejos en calidad y precio con las cámaras de óptica intercambiable, puede que se nos queden cortas. Es habitual que quienes le cogen el gusto a esto de la fotografía acaban sumergiéndose en ese mundo de los objetivos intercambiables.

Por si no fuera suficientemente complicado, desde hace años una nueva categoría pugna por abrirse un hueco abanderando dos argumentos muy tentadores: calidad y tamaño reducido.

Son las llamadas cámaras sin espejo (CSC, EVIL… hay varios nombres) y que, sin entrar en grandes detalles, son como las réflex pero sin el espejo móvil que caracteriza a ésta.

El resultado son modelos de dimensiones reducidas, con prestaciones muy completas y excelente calidad. No tienen tanta presencia como las réflex, pero para andar ligeros son una buena opción. Olympus y Panasonic tienen la oferta más completa dentro del llamado Micro Cuatro Tercios, aunque las diminutas Sony NEX son una opción a tener muy en cuenta. En realidad todas las marcas están presentes en este sector.

Pero si nos gusta lo clásico y las cámaras negras de toda la vida, lo nuestro es una réflex. La oferta es interminable y por entre 500 y 800 euros se pueden encontrar opciones excelentes de Nikon, Canon, Pentax y Sony. El vídeo, por cierto, se ha convertido ya en una función más de todas ellas con prestaciones y calidades que poco o nada tienen que envidiar a las videocámaras de toda la vida.

El vídeo se ha convertido en una función de las réflex

 

Para ahorrar unos euros

La fotografía se rige por reglas similares a la tecnología de consumo: si queremos lo último habrá que pagar un poco más. Y viceversa, claro. Porque si renunciamos a llevar el modelo más actual y podemos sobrevivir con una cámara de hace medio año o de la temporada anterior es posible ahorrarse unos cuantos euros.

De hecho, muchas veces las diferencias entre una y otra generación son mínimas: algo más de resolución, pantalla más grande, nuevos filtros… Nada que justifique invertir 50 o 100 euros más para estar a la última.

Así que ahora que los bolsillos no pasan por su mejor momento, no es mala idea echar un vistazo a los escaparates de hace unos cuantos meses. Es posible encontrar auténticas gangas y reducir sensiblemente ese presupuesto inicial del que hablábamos antes.

Y un último consejo que, quizás sea el más importante de todos: una vez definidas las candidatas y antes de tomar la última decisión es importante tenerlas entre las manos. No nos engañemos: el 90% de las cámaras del mercado colmarán nuestras expectativas y muchas veces lo que nos hará inclinar la balanza hacia uno u otro lado puede ser un pequeño detalle, alguna manía o la sensación que transmite entre las manos.

Nadie dijo que elegir una cámara digital fuera una ciencia exacta. Ni que no haya que ponerle después ojo fotográfico.

 

Iker Morán

 

Iker Morán es un periodista bilbaíno afincado desde hace años en Barcelona y especializado en tecnología y sobre todo fotografía. Responsable del área técnica de fotografía de la web Quesabesde, por sus manos han pasado –y lo siguen haciendo- todas las cámaras que tienen algo que decir en el mercado fotográfico. Además de divagar en su blog personal HastalosMegapíxeles, también se las da de cocinillas en LaGulateca.com, pero ese es otro tema.

Twitter: @photolari